jueves, 16 de agosto de 2012

Juro que ese lunes fui tan feliz; realmente me sentía contento. Al recostarme empecé a escuchar una ligera melodía que parecía no venir de un lugar físico pero que pronto comenzó a bañar mis pensamientos; dulces notas de piano, muy alegres, muy juguetonas; era como si mi alma fuese invitada a danzar dentro de todo el universo y ésta muy gustosamente aceptaba; seguía el ritmo, predecía las notas, mas la fiesta terminó cuándo intenté forzarlo -cuándo intenté cambiarlo.

Si algo aprendí del desamor es que la vida fluye, fluye, fluye, y que no hay más nada por hacer.