Con la llegada de la primera revolución industrial, la gente comenzó a ver los beneficios que podría traer el desarrollar nuevas tecnologías competentes en distintas áreas, tecnologías que permitían tener un mayor grado de eficiencia por un menor costo monetario.
Se crearon adelantos como la producción en serie con lo cual se podía reproducir el mismo objeto una cantidad indeterminada de veces, sin preocuparse por el hecho de que pudiera perder alguna cualidad o que fuera menos útil que su semejante anterior.
De esta forma, se fue devaluando en cierta forma el valor moral que se le atribuía a un objeto, ya que las horas hombre requeridas para ensamblar cualquier prenda o artefacto, se vieron reducidas drásticamente. El valor sentimental que unía a una persona con un objeto se traspasó del valor de hacerlo al valor de adquirirlo.
Con esto se pasó a una nueva cultura en la que debido a la facilidad de producir, la competencia en el mercado se vio aumentada de manera importante y forzosamente se originaron estrategias para lograr atraer a una mayor población que consuma los productos.
Con ésta competencia se le da prioridad a tener ganancias significativas, ya no solamente basta con tener lo suficiente para vivir bien, sino que se sueltan en la sociedad productos que se vuelven de uso cotidiano.
Estos productos nos hacen la vida mucho más cómoda, nos ayudan a ahorrarnos una gran cantidad de tiempo debido a su utilidad y nos brindan un apoyo que se ve reflejado en pequeños detalles y por lo tanto se vuelven una parte habitual de nuestro ser social.
La mayoría de nosotros estará de acuerdo en que es más cómodo tener un auto propio a utilizar el transporte público, ya que de ésta manera no se depende de los demás para llegar a tu destino: tienes la libertad de transitar como a ti te parezca más conveniente.
Y estos ejemplos los podemos encontrar por todos lados: el internet hace un poco más de diez años no era realmente una necesidad, pero ahora es una de las prioridades en cualquier casa el contar con acceso a la red; o los celulares que hace más o menos el mismo tiempo no eran tan frecuentemente utilizados, ahora son remplazados por nuevos modelos a una velocidad impresionante y de salir de la casa sin nuestro dispositivo de comunicación, nos sentimos completamente “desnudos” e inseguros.
Aisladamente esto no representa una amenaza, de hecho puede ser bastante benéfico vivir en una cultura con tendencia hacia la globalización donde la comunicación y la libertad de tránsito sean impulsadas potencialmente.
El problema radica en las costumbres que hemos tomado a lo largo de los últimos años por el hecho de querer estar a la moda para encajar y simpatizar con el resto de la sociedad. Para lograr hacerlo, compramos el último modelo de cualquier cosa o adoptamos costumbres que de no existir una presión social no nos cruzarían ni por la mente.
Hemos llegado a tal grado de competitividad, que la búsqueda por aceptación y por comodidad se ven estimuladas de una manera incuantificable.
De acuerdo a estadísticas arrojadas por el World Watch Institute, en Estados Unidos anualmente se gastan 18 mil millones de dólares en cosméticos, comparado con los 18 mil millones de dólares necesarios para erradicar la hambruna y la desnutrición mundial; los consumidores de la Unión Europea y de Estados Unidos gastan anualmente 17 mil millones en comida para sus mascotas, comparado con los 16,3 mil millones (con los gastos combinados) necesitados para inmunizar a todos los niños del mundo, darles agua potable y lograr el alfabetismo mundial.
Con estos datos podemos ver claramente que vivimos en un mundo que se rige por el consumismo y que los problemas que afectan directamente a otros seres humanos no nos preocupan realmente.
A pesar de ver o escuchar constantemente noticias sobre gente que vive en extrema pobreza y las dificultades que tienen para lograr sobrevivir por lo menos un día más, es poco lo que hacemos cuando lo comparamos con los resultados que hemos conseguido.
Muchas veces con donar un poco de dinero (incluso el cambio que nos queda de nuestras compras) a caridad nos basta para “quitarnos un peso de encima” y limpiar nuestra conciencia, contándonos la historia de que somos buenos ciudadanos globales.
Pero la realidad es que ahora ya no basta con siquiera dar el dinero o la comida para que la gente pueda sobrevivir por un cierto periodo de tiempo, estas soluciones son efímeras debido a que dentro de poco la persona a la que se ha ayudado se encontrará en la misma situación.
Lo que debemos de hacer como raza, es involucrarnos realmente con nuestros semejantes y volvernos conscientes de la problemática en la que nos estamos envolviendo.
De poco le sirve a un necesitado que lo alimenten por un día, lo que de verdad se ocupa es capacitar y educar a la gente. Al capacitar a una persona, se le puede dar la oportunidad de abrirse su propio camino y entrar a un mundo en el que será lo suficientemente competente para sobrevivir por su cuenta.
Mientras nos sigamos moviendo en un esquema en el cuál es más importante demostrar que se tiene poder en vez de hacer algo útil con el mismo, nos seguiremos distanciando emocional y espiritualmente del mundo que nos rodea. No tomaremos conciencia de la manera en que nuestras acciones pueden afectar a las demás personas en el planeta.
Es más cómodo tener un auto propio para no depender de los demás, pero de una forma o de otra dependemos de las acciones de los demás ya que si todos decidimos en un momento utilizar un auto de manera individual, el tráfico posiblemente se intensificaría de tal manera que haría nula la ventaja de poseer un medio de transporte y además de esto los niveles de contaminación aumentarían.

Y es un signo de poder económico el tener el último modelo de un celular, pero no es un acto benéfico para nadie el desechar electrodomésticos generando alrededor de 40 millones de toneladas por año en el mundo, según lo calculado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Al parecer la tecnología y el desarrollo son armas de doble filo, ya que pueden ser tan benéficos como nosotros lo deseemos o tan destructivas como el uso que les demos, y para evitar seguir por este camino necesitamos informarnos de las consecuencias de nuestros actos y tomar acciones para tomar otra dirección.
Imágenes: Banksy, Adbusters
