miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hacia un futuro más verde

Desde hace algunas décadas en México se decidió hacer algo respecto al consumo y venta de estupefacientes; se decidió apoyar a Estados Unidos en su prohibición y se establecieron algunas autoridades e instituciones para poder tener un mayor control.

Pero uno de los problemas fue, que al momento de decidir prohibir los estupefacientes tanto en el país del norte como en el territorio mexicano, no existió un consenso en la población; y cuando se prohíbe algo en un pueblo sin consultar a su gente, lo más probable es que clandestinamente surja una manera de reemplazar las antiguas vías de suministración, dando paso así a negocios ilícitos.

Ahora se ha llegado a hablar a nivel estatal sobre la legalización de productos como la marihuana para usos alternos a los medicinales.

Uno de los ejemplos más recientes es la fallida Propuesta 19 sometida a votación en el estado de California el pasado dos de Noviembre del año presente, donde el 49% votó en contra de la legalización, el 42% a favor y un 7% quedó indeciso ante tan difícil situación. Sin embargo, esto representa que aproximadamente 4 de cada 10 californianos quieren que se legalice la marihuana en su país.

Esto representaría un gran avance por parte del estado de California hacia un futuro menos violentado, debido a que lo que en principio les fue quitado sin su consentimiento, sería devuelto.

Además de permitir el consumo de éste producto, los que ahora son llamados criminales pasarían a ser empresarios legales y se tendría un mayor control sobre el tráfico del producto, abonando así un ingreso más al capital económico de la población.

No se puede predecir realmente las consecuencias sociales que traería el hecho de legalizar la marihuana. Sabemos que posiblemente sería algo contraproducente para algún consumidor que se vuelva adicto, debido a los efectos secundarios que ya conocemos respecto al producto.

Aún así, hablar de lo que realmente representaría socialmente es complicado. No sabemos si se podría comparar con los daños que trae el alcohol, que según el estudio realizado por David Nutt y Leslie King (publicado en The Lancet) es la droga más peligrosa si se consideran el perjuicio que causa al consumidor y a las personas que le rodean; esto comparando el alcohol con drogas tales como la heroína, el crack, la cocaína, el tabaco el éxtasis y otras más.

Pero lo que es seguro, es que ésta no sería la solución al problema del narcotráfico, ni al problema de la violencia o al de la masacre que crece día con día en nuestro el territorio mexicano.

A pesar de que legalizar algo le quita la parte de tabú y la hace menos atrayente la curiosidad humana, la gente que ya consume sustancias ilícitas no dejaría de hacerlo simplemente por el hecho de que la ley se lo permitiera.

Probablemente las agresiones se verían reducidas, ya que las fuerzas armadas del país no tendrían que enfocar todas sus energías en buscar y combatir narcotraficantes, pero tampoco podemos decir que al legalizar algún estupefaciente lograríamos eliminar la venta ilícita del mismo, ya que la economía mexicana no da lugar a esa realidad.

De tener el poder adquisitivo suficiente para poder comprar las cosas en la vía legal, no existirían las películas piratas ni los software creados para descargar música y videos en internet.

Lo que se lograría con la legalización, sería oxigenar el problema, pero no darle una solución definitiva. Un problema tan complejo no puede resolverse de manera tajante; necesita tiempo y estrategias bien planeadas.

Mientras el panorama mexicano pinte únicamente desolación, agresión e inseguridad, más aumentará el nivel de delincuencia, corrupción y pobreza.

A pesar de no estar ligados directamente la pobreza y la drogadicción se relacionan de manera contundente.

Al vivir en un estado de pobreza, la gente difícilmente tiene acceso a la educación por lo que no tiene conocimiento de una amplia gama de factores, incluyendo los daños que pueden provocar el consumir drogas.

Además, de empezar a consumir drogas y tener el conocimiento de lo dañinas que pueden ser, si se vive en pobreza difícilmente se puede hacer ingresar al paciente a un centro de rehabilitación, ya sea porque no se cuente con el capital económico suficiente o porque no se tenga conocimiento del mismo.

Otro factor que interviene es que la realidad mexicana y en muchos países latinoamericanos, al tener escasos recursos una de las opciones que vienen a la mente es migrar hacia el norte en busca de mejores oportunidades y/o condiciones de vida.

Pero el proceso de migración es uno bastante violento, en el que se tiene la posibilidad de ser regresado, abusado, asaltado, violado, asesinado, mutilado, maltratado, etc. y para resistir todo esto acudir a prácticas malsanas como el consumo de drogas.

Y si se decide no salir del país debido al peligro que esto representa, queda dentro de las opciones el realizar actos ilícitos (entre ellos el narcotráfico) para lograr sobrevivir.

Atacar un hecho que es considerado agresivo para la salud y seguridad nacional con medidas que implican la violencia y el uso de fuerzas armadas resulta entonces poco eficiente.

Mientras lo único que se busque sea eliminar a la gente involucrada en este negocio ilegal mediante la fuerza bruta, los esfuerzos no rendirán muchos frutos, ya que hay todo un mundo de gente aspirando a tener el poder que esas personas poseen, aunque eso signifique tenerlo por un lapso corto de tiempo y terminar muertos.

La marginación y las casi nulas oportunidades que existen para que una persona salga de un estado de pobreza extrema han generado una sociedad con un alto nivel de violencia arraigado.

Mientras no se eduque y capacite a las personas lo único que estamos haciendo como sociedad es aproximarnos a un futuro donde éste tipo de actos sea más abundante, y donde sin importar que la marihuana sea lícita o no su consumo se vea aumentado.

Una solución que tomaría más tiempo pero sería más efectiva, sería darle las armas a la gente para combatir la situación (y no de forma literal), mediante la educación. Es bien sabido que el nivel de desarrollo y la riqueza de un país se encuentra en su gente, y mientras gran parte de la población viva en situaciones de marginación y pobreza, difícilmente dejará estas costumbres que son dañinas para todos.

Mientras la gente no esté consciente del daño que puede provocar el vivir con una adicción, los consumidores de sustancias dañinas para el cuerpo seguirán existiendo, y por lo tanto existirá la necesidad de alguien que suministre los productos necesarios para dichas sustancias, ya sea de manera lícita o no.


Imagen: http://analisishectorylili.wordpress.com/2007/11/26/la-polemica-viva-la-legalizacion-de-las-drogas-en-mexico/

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