miércoles, 17 de noviembre de 2010

Las tres reglas de la conversación

Es común escuchar que si no se quieren tener riñas en una conversación, lo más recomendable es abstenerse de hablar de temas polémicos, principalmente tres: el fútbol, la religión y la política. Los tres temas son bastante “peligrosos” en una conversación debido a que dependiendo de los intereses y gustos personales se tienen distintas opiniones en estas áreas.

Tan el fútbol, como la política y la religión son entes que tienen una amplia gama de grupos (ya sean equipos, partidos, religiones, sectas, etc.) y al presentarse como tal, se crea en las masas una cierta necesidad por pertenecer a ellos. Al pertenecer a un grupo se tiene esa sensación de aceptación y de aprobación; los intereses propios congenian con los de terceras personas y por lo tanto nos sentimos motivados a promover nuestras ideas y a compartir puntos de vista.

Pero conforme nos vamos “casando” con estas ideas, nos vamos sintiendo de cierta manera comprometidos a defenderlas y a adoptarlas como parte de nuestra identidad integral. Llega a ser tan grande el grado de enajenación que en cuanto nos vemos enfrentados a personas con distintas creencias, nos ponemos a la defensiva y atacamos fervientemente a nuestros opositores, tratando de argumentar nuestra visión y sentenciando las posturas de los demás.

En varios casos como sociedad mexicana, culturalmente nos hemos ido haciendo cada día menos tolerantes y menos pacientes al momento de relacionarnos, y cuando se trata de este tipo de temas, pareciera que se tocan terminaciones nerviosas de una manera casi artística, ya que las reacciones son impresionantes. Y esto es un gran problema, ya que al no tener tolerancia, se va perdiendo el respeto y se empiezan a formar prejuicios.

Gradualmente vamos adoptando y desarrollando más y más prejuicios empezando a generalizar situaciones y reaccionando ante las mismas de una manera casis sistemática; al encontrar argumentos que parecen ser efectivos para contrarrestar las líneas de nuestros interlocutores, vamos quedándonos con dichos argumentos y los hacemos parte de nuestras creencias, cerrándonos y rechazando nuevas propuestas. Y a esto es a lo que me quiero dirigir con las famosas “tres reglas”.

En la medida en la que nuestra tolerancia, aceptación y entendimiento se ven disminuidos, se nos va dificultando cada vez más y más la convivencia como seres sociales, por lo que encuentro el evitar temas tan controversiales como algo sumamente contraproducente para nuestro desarrollo tanto individual, como colectivo. Al no dar pie a debates y discusiones constructivas, nos vamos quedando estancados principalmente como sociedad. Como bien lo dijo Albert Einstein “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.”

Para comenzar, analicemos la regla “No hables de fútbol”. Como mexicanos muchas veces vemos este deporte como “El Deporte”. Constantemente vemos casos en los que los padres presionan a sus hijos de una manera impactante para que destaquen en esta disciplina e incluso llegan a enfocar gran parte de los ingresos y recursos de la familia para que el hijo elegido se desempeñe de la mejor manera posible.

Llegamos al ver el fútbol como una religión, lo dogmatizamos y tratamos de aprender de los integrantes que dan la impresión de ser los más aptos en éste plano. Conforme vamos aprendiendo los gajes del oficio, nos vamos identificando y haciendo prácticamente discípulos de ciertos profesionales. Ya sea por medio de las hazañas que vemos a los jugadores realizar en la cancha, los comentarios de los interlocutores, las estrategias de los técnicos o por cualquier otro medio, vamos realizando un proceso de selección y adoptamos una postura sobre qué y quién es lo mejor.

Se le da tanta publicidad a los equipos, se invierte tanto dinero y se habla tanto de técnicas y jugadas en los medios masivos de comunicación que vamos haciendo a un lado la parte más rescatable de este deporte: el trabajo en equipo.

La forma en la que se aprende a trabajar en equipo mediante un deporte realmente no tiene precio, ya que es una manera divertida de hacerlo y además los resultados se pueden observar en muy corto plazo. Se va fomentando la responsabilidad que cada integrante tiene para poder lograr un objetivo en común: ganar. Se enseña a trabajar de manera sinérgica y a valorar a los demás integrantes y su esfuerzo.

Pero desgraciadamente en México esta parte tan buena del fútbol cada vez se aprecia menos, cada vez más se le enseña desde pequeños a la gente que practica el deporte a tratar de destacar y que traten de ser ellos quienes metan los goles. En muy pocos lugares se enseña a trabajar sinérgicamente y se va fomentando la agresividad entre miembros y en un grado mucho mayor a los rivales. Van haciendo que el concepto de deporte se relacione estrechamente con ganar, en vez de relacionarlo con diversión.

Las pláticas de fútbol giran en torno a críticas, a dejar en un segundo plano y se insulta a los equipos que no sean el favorito y tratar de remarcar sus errores; se crea una cierta rivalidad irracional hacia los fanáticos de otros grupos y se empiezan a marcar líneas divisorias; se empieza a generalizar y catalogar tanto equipos como seguidores y se empiezan a crear prejuicios. Se exalta de una manera impresionante el fanatismo (tal como en algún tiempo en Europa se llegó a exaltar el nacionalismo, desenlazándose en un conflicto mundial) mediante estrategias muy bien pensadas.

Al no estar acostumbrados como sociedad a ver este lado del fútbol, el lado que nos impulsa a valorarnos unos a otros, a respetarnos y a trabajar en equipo de forma efectiva, es fácil establecer la segunda regla: “No hables de política”.

La política (o más bien, la ciencia política) nace de la necesidad del hombre de censar el estilo de vida de un grupo o colectividad y tratar de arreglar conflictos estableciendo normas que regulen la paz. La forma en la que la política se maneja, va dependiendo de cada país y en algunos casos de cada estado. En México la política es una maravilla y es fácil darse cuenta de esto.

Con el tiempo, se han formado partidos que son los que “mejor representan nuestros intereses” y proyectan imágenes en la sociedad sobre cuál es el mejor y por qué hay que apoyarlo. Pero al ser tan “diferentes” los partidos que son más populares, se crea un enorme conflicto de intereses en la sociedad, ya que (ideológicamente) a fin de cuentas los que estén en el poder serán los que dirijan el país.

Al sentirnos representados por un partido y pensar que es éste el que es el más apropiado para el resto de la sociedad debido a sus excelentes decisiones, nos sentimos como parte de algo mayor y tratamos de defender a como dé lugar la reputación y la imagen de dicho grupo.

Cuando sale en una conversación el tema de la política y alguien no concuerda con nuestro punto de vista, sacamos los trapitos al sol del partido que dicha persona apoya y tratamos echarle tierra hasta el cansancio. O bien, en caso de que lleguemos a concordar en perspectiva, nos quedamos con las ideas que ya teníamos y reforzamos nuestro fanatismo por éstas.

Lo triste es que (como en el fútbol) las pláticas sobre política no van más allá de las riñas y las discusiones sin sentido, de los ataques constantes a nuestros opositores y de la carrera interminable por tratar de difamar a quienes no concuerdan con nosotros.

No nos damos cuenta de la importancia que tiene hablar sobre política, de ver qué es lo que estamos logrando como pueblo y hacia donde realmente queremos dirigirnos. Nos cegamos ante la situación actual y no ejercemos activamente el derecho que tenemos como actores políticos.

Al no hablar sobre este tema (de vital importancia) con la seriedad y madurez que requiere, nos estamos dando el lujo de no arreglar los problemas que existen en la sociedad y de no establecer las pautas adecuadas de lo que es lo más conveniente para el interés colectivo.

Y si ya dejamos en claro que con las primeras dos reglas se nos impide hablar sobre la sinergia social y la normalización de conflictos, mucho más fácil es hablar sobre nuestros métodos y creencias para llegar a la realización como individuos, de lo que se deriva la tercera regla: “No hables de religión”.

La religión actualmente en México es vista (principalmente por los jóvenes) como algo innecesario, algo que no tiene sentido y que ha tenido sus deslices a los largo del los años. Hablar de religión es hablar de uno de los temas más delicados que existen, ya que aquí se encuentran las creencias, valores, la ética y la moral, y el hecho de contradecir en cualquier sentido esta parte de una persona, puede resultar en algo que es percibido como uno de los peores insultos.

El mayor problema es que al no ser tolerantes en otros aspectos, más difícilmente los somos con este, nos cerramos a otras ideas. Pero realmente la religión es un camino para la autorrealización, un sendero de paz y amor por el cual es útil guiar nuestras vidas. Cada quien puede tener su propia herramienta para poder llegar a realizarse, pero no por esto es necesario agredir los caminos de los demás.

Considero necesario hablar sobre religión para poder encontrar similitudes y poder conseguir puntos a partir de los cuales podamos generar una reflexión profunda. Es obvio que habrá diferencias, pero no hay alguna religión mejor o peor que otra, simplemente tienen distintitas maneras de enseñar y son interpretadas de diversas maneras.

Además, el no hablar de religión sería como no hablar sobre la ciencia, éstas dos no son muy diferentes, la cosa es que una utiliza los hechos para explicar los milagros, y la otra los milagros para explicar los hechos. Si no se discutiera sobre la ciencia, no se generaran problemas y no se reflexionara sobre ellos, no tendríamos muchos de los grandes avances que hemos logrado como humanidad.

Tomando en cuenta lo anterior, tenemos como resultado tres reglas que como sociedad nos hacen difícil trabajar sinérgicamente, nos hacen incapaces de resolver nuestros problemas, y limitan nuestro potencial como seres humanos. ¿Es esto lo que queremos? Para mí no es un ideal, pero queda a decisión de cada persona. Es por esto que pienso que de vez en cuando sí es necesario romper las reglas, pero no para fastidiar a los demás, sino para generar un cambio positivo dentro de la sociedad.


Imágenes: http://avforum.no/forum/attachments/cd-sacd-dvd-audio/46084d1234625297-nirvana-bleach-bad-religion-no-control.jpg

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