miércoles, 17 de noviembre de 2010

Educando para no pensar

Dentro de lo más de 7 millones de ninis que reporta la SEP en el territorio mexicano, se encuentran varias ramas de la definición; existen los ninis que no consiguen algún trabajo pero lo están buscando; los que no se sienten motivados por hacer algo con sus vidas; los que han desertado de la escuela y no tienen oportunidad de regresar; y así sigue creciendo la lista.

De acuerdo al censo realizado por la INEGI en el 2005, los habitantes mexicanos de 15 años y más, en promedio cuentan con 8.1 grados de escolaridad, lo que es igual a un poco más del segundo año de secundaria. Lo que significa que un reducido porcentaje de la población decide y/o tiene la oportunidad de continuar con sus estudios hasta terminar con la educación superior.

Son varios factores los que influyen para que una persona se convierta en un nini y entre en alguna de las categorías mencionada anteriormente.

Éste sector crece de una manera alarmante y representa una amenaza para la “estabilidad” de la sociedad mexicana y para la vida de los mismos ninis. Al no contar con una base o una convicción por el desarrollo, lentamente la comunidad va perdiendo tanto fuerza como laboral, intelectual, económica, espiritual, etc. y va entrando en una depresión general que abarca los aspectos antes mencionados y más, de la cual un país difícilmente logra salir.

El combatir el conflicto social que representa el aumento de los ninis es una labor ardua que debe de ser planeada estratégicamente y con la colaboración de todos los miembros de la sociedad.

La triste realidad, es que son pocas las personas que quieren dedicarse a ser maestros, educadores o a impartir conocimiento de alguna manera formal en nuestro país. Los que estudiamos aspiramos en general a conseguir licenciaturas e ingenierías para poder conseguir un trabajo decente y tener un ingreso lo suficientemente basto para poder lograr una solvencia económica. Pocos tenemos dentro de nuestro plan de vida el volver a las instituciones que nos han formado para poder aportar algo a la sociedad, lo único que nos interesa es el bienestar propio. Y esto se ve reflejado incluso en las redes sociales, como por ejemplo en el grupo de Facebook: “Nesecito dinerooooo, un coche, una casa y un muuuy buen trabajo y YAA CON ESO LA ARMO!!!! =D”

Algunas de las personas que ya han logrado completar los estudios superiores, están conscientes de la importancia que tiene la educación para un país. Se preocupan por los jóvenes y por su desarrollo integro.

De los que vamos en camino a terminar, parece que se reduce la cantidad, ya que muchos sólo están en una institución para conseguir un papel que respalde que son útiles para algo. Pero el tener un papel que puedas colgar en tu pared no significa ser hábil, tener un rol útil definido para la sociedad o tener la preparación suficiente para enfrentar la realidad con la que todos chocamos constantemente.

Y de los que vienen, normalmente no tienen idea de por qué existen las escuelas porque es un concepto creado por el hombre. En general sólo se les da la impresión de que es parte de la vida y tiene carácter obligatorio, metiéndoles por fuerza los discursos de lo importante que es estudiar, pero sin argumentar de una manera adecuada el mensaje que se quiere transmitir.

Y a esto debemos agregarle que el contexto social en el que vivimos no es el óptimo para motivar a la gente a estudiar o a conseguir un empleo.

Omitiré nombres para respetar la intimidad de los involucrados, pero ha llegado a mí la información por parte de una maestra de quinto año de primaria en el Distrito Federal. La docente está sumamente preocupada por el futuro del país, ya que al preguntar a los pequeños qué es lo que quieren lograr en un futuro las respuestas que consigue son: “Ser narcotraficante, ahí está el dinero y el poder. Quiero tener muchos carros cuando sea grande y vivir la buena vida” o un sincero e inocente “No sé maestra, no se me ocurre nada”.

El panorama que estamos pintando para los que en un futuro se encargarán de regir el país, es uno en el que los actos ilícitos son la única opción de asegurar una vida decente y lograr sobrevivir en la jungla de la vida.

Dejando a un lado los trastornos que pueden ocasionar las drogas, los más jóvenes no son conscientes de todo lo que esto involucra y lo negativo que puede ser involucrarse en una empresa que opera contra la ley. O simplemente, pierden la capacidad de asombrarse y mostrarse consternados ante los posibles escenarios que se presentarían debido a que se encuentran constantemente bombardeados por ejemplos de violencia.

Y no sólo esto, también hay quienes buscan huir del país en busca de mejores oportunidades de vida ya que la oferta económica en el país no es muy amplia ni incluyente; pero el camino para poder llegar al otro lado está lleno de peligros, fraudes, abusos, etc.

Los migrantes ilegales arriesgan su vida de una manera impresionante, no sólo por el hecho de tratar de cruzar ya sea por el desierto o el río, sino que también por las fuerzas armadas (ya sean gubernamentales o no) que se pueden encontrar en el camino.

Además, cabe mencionar que muchas veces la preparación y/o disposición de los encargados de impartir educación en las escuelas públicas (y algunas privadas) no suele ser la más adecuada para que los estudiantes logren hacerse de un conocimiento aplicable.

Existe una gran barrera invisible entre las dos partes. Por un lado los maestros no muestran un interés por hacer de las clases algo dinámico, muchas veces ni siquiera conocen métodos para ejemplificar las lecciones del curso y hacerlas atractivas para la población a la que se enfrentan. Hay ocasiones en las que el profesor simplemente se limita a leer el libro de texto, sin preparar algo más para la clase. Y del otro lado, nos encontramos con los niños y jóvenes que se aburren al no tener una motivación por aprender. El abismo entre el alumnado y el profesor va creciendo y conforme el estudiante avanza en grados escolares, va mostrando menos interés por aprender, y más por salir para conseguir un trabajo que lo ayude a sobrevivir.

Lo que se logra con todo esto, es preparar sistemáticamente a las personas llenándolas de datos que no logran comprender del todo ni adquieren las herramientas para poder utilizarlos. No se enseña la utilidad de lo aprendido, por lo que el interés decrece en mayor proporción y muchas veces se opta por abandonar los estudios para trabajar.

Pero al ser tan limitada la oferta de trabajo y constantemente encontrarse con una sentencia de “Experiencia previa requerida” no funciona ni el hecho de desertar para ser activo económicamente, ni el de tener una preparación intelectual para fungir en el campo laboral.

Y por más dramático que esto pueda sonar, los hechos que planteo son solamente una parte de lo que contribuye a la formación de jóvenes y adultos que conforman el universo de los ninis; parte de esto influye a moldear actitudes de indiferencia que provocan un estado de producción cultural, económica y social poco relevante. De acuerdo a la sociedad de www.ninis.org hay quienes se contentan con ese estilo de vida, un estilo de vida bastante cómodo con la posibilidad de estudiar de manera permanente y tener la libertad de ingerir bebidas alcohólicas, fumar, fiestear, drogarse, ligar y tener relaciones sin la presión o la prohibición de los mayores.

Lo ya mencionado no lo es todo, pero si es una gran parte del problema. Al no tener la preparación ni la inteligencia suficiente como sociedad, nos estamos dirigiendo inevitablemente a una situación más difícil de superar. De no empezar a actuar y tomar una postura firme ante dicha situación, los problemas sociales se seguirán desencadenando y se construirán dentro de una complejidad aún mayor a la ya existente.

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